Viernes 18  de  Mayo   de  2012

Ángel Pelayo Gordillo: Háganos un favor, señora Merkel


 

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Ángel Pelayo Gordillo

“Donde no hay harina, todo es mohina”, dice el refranero español, y así andamos: cabizbajos, rendidos y cansados de tanto inepto. A fe que esta empobrecida España, mangoneada por Zapatero y Rubalcaba, extorsionada por los nacionalistas voraces y desangrada por el peso de una Administración innecesaria y cuadruplicada, está perdiendo un tiempo precioso.


Mientras el noventa y nueve por ciento de las televisiones convencen eficazmente al personal de que todo va muy bien, de que ya hemos salido de lo peor de la crisis por enésima vez, y de que si no fuera por el Partido Popular y su negativa a arrimar el hombro los frágiles brotes verdes serían ya rico campo de alfalfa a punto de ser segada, llegó Frau Merkel para terminar de arreglarlo. Nuestra acreedora principal vino a ver si era posible apuntalar el ruinoso edificio mientras se negocia la Europa de dos velocidades, catástrofe económica que podría conducirnos  a niveles de Rumanía. “El caso es que esto no se derrumbe de repente: allá ustedes y hagan como gusten, pero luego no vengan llorando”, parece decir la alemana.

 

Como en los colegios de antes, ha llegado la inspectora del Ministerio. Con su eterna chaqueta roja y ese rostro adusto  que recuerda vagamente a Ángela Lansbury y a aquel señor Galindo de las muy progres y alegres Crónicas Marcianas -¿se acuerdan?; eso era crispar-,  ha entrado en el aula en compañía del profesor, don José Luis, y repentinamente la alegre algarabía de los alumnos se ha vuelto respetuoso silencio. Los papeles han dejado de volar por la clase; todos se han colocado de pié muy modositos ante sus pupitres, y solamente dos alumnos díscolos, allá al fondo, han dejado oír unas risitas sofocadas, el vasco y el catalán: incorregibles. Nada más. La inspectora ha dado buenos y sensatos consejos a los diecisiete alumnos, que han contestado al unísono: “Sí, Frau Merkel”, y ha pasado a la clase de al lado: Portugal. Mientras iba por el pasillo, ha observado con el rabillo del ojo cómo los alumnos antes tan modosos correteaban, alborotaban, se pinchaban los unos a los otros con los compases y pintaban en la pizarra torpes monigotes con chaqueta roja colgando de una horca.


Metáforas aparte, mucho me temo que la canciller (atenta, Leire: TVE dice “canciller” y no “cancillera”) no habrá vuelto a Alemania precisamente alegre ni tranquilizada, aunque otra cosa diga. No tiene cara de tonta la fracasada, y por mucho que sindicatos, patronal y gobierno compongan el sainete del Gran Pacto,  sabe perfectamente que un país en franca recesión, en el cual  la masa salarial de los empleados de la Administración Pública ha crecido  en 59,2% en los últimos ocho años y en el que los costes salariales de la Administración han pasado de 1.608 euros por habitante en el año 2000 a 2.560 euros en 2008, no puede funcionar, porque es imposible. Si comparamos esta cantidad con Alemania, un país con un aparato administrativo similar al nuestro para casi el doble de habitantes -y contando con la rémora de la burocracia heredada del comunismo en la parte del Este-, se observa que el coste de la masa salarial de la Administración Pública en Alemania solo se ha incrementado un 3,3% y la masa salarial de su Administración Pública  ha pasado de costar 2.021 euros a 2.088 a cada alemán, casi quinientos euros menos que la española, para el mismo período de tiempo.


Así pues, Frau Merkel, comparto su preocupación pero no su actitud. Usted no confía en Zapatero, pero le da un balón de oxígeno: dice que se va “contenta por las reformas realizadas, pero no satisfecha”. Pues usted misma, señora mía; pero cuidado con lo que dice: conociendo a los personajes, el tatachín mediático servido por Rubalcaba y sus mariachis era previsible, y hala: gran éxito. Tanto, que incluso recortan distancias en las encuestas.

Hágame caso: ayúdenos a salir de esta, pero también  a librarnos de este sujeto; así,  se ayudará también a sí misma. ¡Pero si ya estábamos casi convencidos! No lo apoye más, se lo ruego;  es peligroso y es capaz de ganar las próximas elecciones: imagínese la avería.  No nos venga después llorando porque el Euro y los euros se le han ido de las manos.

ZP_Merkel

Ángel Pelayo Gordillo: Háganos un favor, señora Merkel

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