Viernes 18  de  Mayo   de  2012

Ángel Pelayo Gordillo: La Ley de Leyre


 

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pelayo

Escribí hace algunos meses que el alcalde de Valladolid, Don Javier León de la Riva, cometió una indelicadeza y un error al bromear a costa de doña Leyre Pajín, nuestra joven y jacarandosa ministra de Sanidad. En los tiempos que corren, manifestar cualquier observación atolondrada acerca de cualquier ministra de cuota es cosa temeraria: si algo caracteriza a la alegre pandilla del talante es que sólo lo tienen bueno para consigo mismos y para con los suyos; nunca para con los demás.

Así se ha evidenciado a raíz de la última gala de los premios Goya. Ciertos comentarios vertidos en la red social “Twitter” han provocado sentimientos de indignación o regocijo según vaya la feria, pero a nadie han dejado indiferentes: “Me impresionó la cara de culo de la Pajín durante la gala”, declaró el actor Santiago Segura.

Sorprendentemente, nuestra Leyre -tan iracunda e inflexible en ocasiones similares- encajó golpe tan machista e inesperado de la única manera que cabía hacerlo dadas las circunstancias: callando prudentemente. Entre calé y calé no cabe la buenaventura, y después del rifirrafe a propósito de la Ley Sinde no estaba el horno para bollos con los de la ceja: a ésos les temen, y las protestas airadas, las contundentes declaraciones de principios y la exigencia de públicos actos de contrición se reservan para mejores ocasiones.

Por el contrario, ante cualquier censura o crítica que provenga del adversario -por muy justificada y oportuna que sea- olvidan el talante, se rasgan las vestiduras y hacen montañas de granos de arena. Imagínense ustedes que en lugar del simpático y espontáneo Torrente hubiera dicho lo mismo –un suponer- el siempre serio y comedido señor González Pons: temblaría el Misterio, y don Esteban luciría, penoso, las imaginables y habituales etiquetas destinadas a quienes les importunan. Excepciones hay, respetables y dignas; pero excepciones no confirman reglas.

fumadores

Las últimas “performances” de la irreflexiva y locuaz ministra están resultando aún más imprevisibles y cómicas de cuanto era imaginable. De comentar su gestión haremos gracia, porque no esperábamos mucho de ella: la ineficacia es cosa a lo que nos tienen tan acostumbrados el Presidente y los demás miembros de su gobierno, cualesquiera que sean sus cometidos, que ya aburre remachar sobre el mismo clavo.

¡Cuánto nos divertiríamos si las risas no se trocaran en lágrimas! No es que uno pretenda que los personajes que componen el Gabinete del Doctor Zapatero sean comparables a Metternich ni a Margaret Thatcher –y cito a esta última sin ánimo de ofender-; pero la exigencia de cierto aseo intelectual no estaría de más. Entristece y alarma escuchar “cónyugues”, “diabetis” y disparates parecidos en boca de quienes están -al menos en teoría- al frente de grandes responsabilidades. Seleccionando mejor nos evitaríamos –entre otros desastres- grandes perjuicios como los derivados de la llamada “Ley del Tabaco”.

Desde su entrada en vigor las protestas de hosteleros y fumadores han sido casi unánimes; no tanto por la ley en sí, sino por la manera de exigir su cumplimiento: sin excusa ni pretexto.  Consciente de la impopularidad de su ley y a fin de implantarla eficazmente, la ministra no ha dudado en estimular comportamientos tan innobles como la delación y la denuncia.

En esta España extravagante, la aplicación de las leyes es suave para con delincuentes terribles y severísima para cuantos se oponen al discurso de lo políticamente correcto. La represión y el escarmiento esperan a quienes desafían sus dogmas, y  ni siquiera en los teatros puede representarse una obra en la que se fume “por exigencias del guión”.

Quienes mangonean los restos lamentables de este afligido país están empeñados en una insensata  transformación social cuyos objetivos y consecuencias ellos mismos ignoran, fuera de la mera permanencia y disfrute del poder: alertados estamos, y sólo de nosotros dependerá nuestro futuro y nuestra libertad.











Ángel Pelayo Gordillo: La Ley de Leyre

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