Actualidad Extremadura | Viernes, 29 de Julio de 2011 12:09 | Antonio Bellido

“Ala sombra de tus alas me cobijo hasta que pase el infortunio” (Salmo 56,2)
“Dios es mi ciudadela, el Dios de mi amor” (Salmo 59,16)
- Valoro la salud como un don y un servicio. Y la no salud como ofrenda agradable a Dios y culto verdadero (cf Rm 12,1).
- Desde la pobreza, espacio para el encuentro, constato la precariedad de la vida, la insignificancia de nuestro ego. Somos viento que pasa, sombra. ¿Para qué sufrir por el éxito?
- “Soy yo y mis circunstancias”, decía Ortega y Gasset. Soy yo y mis carencias y mis ausencias y mis miserias. Ysoy mucho: Templo vivo del Espíritu. “Sin mí nada podéis hacer” (Jn 15,5). Soy muy poco a solas.
- El pasado fue y ya no vuelve. Queda, permanece el bien. El futuro no ha llegado, no es nuestro. El presente es un “kairós”= a tiempo de gracia. Por eso, ni nostalgia ni urgencias, confianza.
- Descubro que aunque me apee del tren, el tren sigue. Nadie es necesario. Todos somos prescindibles. Somos “siervos inútiles”, aunque hagamos los deberes como nos enseñó el Maestro. Yes bueno aceptar que lo que somos, lo somos por Él.
- Valoro la amistad de quienes se interesan y preguntan. Eso es caridad. Son los detalles los que muestran la calidad del corazón. Es bueno culti- var el agradecimiento.
- Reflexiones desde la pobreza, es decir desde el desvalimiento, desde la soledad, desde las carencias, quieren ser estas páginas. Pobre no sólo es el que carece de bienes, sino el que no tiene salud, energías, horizontes. En esa hora debemos asumir las circunstancias y aceptarnos en la desnudez de la prueba.
- Creer en la fuerza de la Oración, en la oficacia de la Oración, en la Oración solidaria, esa que se olvida de sí y se acuerda de los otros y agradecer siempre la oración fraterna.
- Valorar el tiempo. “Tempus fugit”, el tiempo huye. Yyo, y tú. Aprovechar hasta las migajas de tiempo. Hambre de tiempo para sembrar sonrisas y despertar esperanzas y recoger lágrimas.
Perder el tiempo con el prójimo es ganarlo.
- Aceptar dócil y humildemente la servidumbre de la enfermedad, de la debilidad, y los servicios recibidos y aprender a sufrir en silencio, es purificación del corazón.
- Asumir las limitaciones sin acritud ni desespe-ranza y vivir con alegría evangélica sana la piel del alma y evangeliza sin pretenderlo.
- Besar la cruz, purifica. Cargar con amor y alegría la cruz, santifica. Identificarse con Cristo crucificado, nos libera. “Pasión de Cristo, confórtame”, ora san Ignacio de Loyola.
- Creer en el valor de la “inútil” paciencia, virtud humilde, eficaz y creativa, nos produce seguridad y nos conduce a la aceptación de la voluntad de Dios, a descubrir el valor de lo sin-valor y a ser fuertes desde la debilidad. “Te basta mi gracia”, dijo Jesús a Pablo (cf 2 Cor 12,8). Y luego Pablo, experimentado, pudo decir: “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Flp 4,13).
-No buscar “remedios” fuera del cauce. La confianza fortalece. Su Palabra no falla. Sana y salva. Ya veces cauteriza. Yconfiar siempre.
- Recuperar el tiempo perdido, perdiéndolo en la espera, en la quietud, en el silencio, es sabiduría evangélica y mirar el horizonte con los ojos de Dios.
- Nos creemos adultos y, a veces, sólo somos mayores. Es importante recuperar la doctrina de la “infancia espiritual”, senda común de muchos santos, de almas sin dobleces. “El Reino de Dios es para los niños y para lo que se hagan como niños” (Mt 19,15). Palabra de Jesús.
- La experiencia del lagar y del molino en donde uvas y granos desaparecen, se mezclan, pierden su “individualidad”, ayuda a identificarse con Cristo Eucaristía y a purificarnos, o mejor, a dejarnos purificar el corazón. El pan y el vino eucaristizados son signos del amor que viene y del dolor que pasó. Lagar y molino es la vida y la pobreza y la enfermedad.
- Abre la puerta. Alguien llama. Siempre es Él. Escucha: “¿No ves que estoy llamando a la puer- ta? Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaremos juntos” (Apc 3,20). Abre la puerta, no temas. El miedo aisla, empobrece. Abre la puerta; mejor, déjala abierta.
- El Señor llama a la puerta. Es Él, aunque no lo parezca. Ábrele, porque sólo Él nos puede salvar. No temas, confía. Yespera.
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