Lunes 21  de  Mayo   de  2012

Rafael Angulo: Una ciudadana en el acto de las Medallas


 

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Aún permanece ingresada la única ciudadana civil que asistió, hace un mes y medio,  al acto de las medallas de Extremadura

Una ciudadana emeritense, vecina de San Andrés (Cantarranas) aunque se crió de soltera en el Barrio Bizcocho, asistió de manera fortuita y accidental al acto íntimo (por el número de asistentes) de entrega de medallas de Extremadura y, desde entonces, ha perdido toda noción de la realidad y, según sus allegados “vive en otro mundo, como soñando lo que no hay” motivo por el cual aún permanece ingresada en una institución ubicada en la carretera de Valverde.

Se da la circunstancia de que esta señora fue la única persona civil que asistió al evento, dado que las piedras del romano eran ocupadas por políticos, periodistas, medallistas y allegados a los políticos, periodistas, medallistas y allegados etc.

Su marido, albañil en paro, valga la redundancia, desde 1957 (año en que nació en Calamonte) ha comentado que “hace un mes y medio íbamos por las traseras del Teatro Romano a oscuras, el teatro, cuando oímos un murmullo dentro, entramos y vimos a un grupo de gente con corbata y a uno hablando, bueno, uno y otro y otro porque hablaron muchos…”, confundidos, pensaron que eran un club de fans o algo así “porque todos le estaban muy agradecidos al señor de la pantalla, del que se deshacían en elogios y al que agradecían el regalo” lo que dio en pensar si sería una especie de tómbola en marco incomparable, pero no, porque “salió como un telepredicador con carita de bueno” que hizo que la esposa del albañil fijase su mirada en él e incluso le escuchara.

¡Qué cosas decía!, que si todo iba bien, que no había que compararse, que amaba la libertad y por eso favorecía que se viera todo aunque a él no le gustara “aunque en mi barriada ya no vemos ni Tele Mérida ni la de Fernando Delgado”, que habrá un día en que todos al levantar la vista solo verán la Junta y un montón de lindezas más “que transportaron a mi señora a otra dimensión”.

La ciudadana quedose blanca y como en suspenso, aunque en Extremadura no hay suspensos pues todos progresan adecuadamente sin repetir, y pensó en cómo sería este pueblo de ser así, tan idílico e irreal. El albañil, pasmado, sacó a su mujer del Teatro Romano apresuradamente “pero ya era tarde pues la pobre se lo había creído” e intento, por todos los medios, reanimarla llevándola incluso al Josemari (frente al Museo) donde la hizo ingerir una tapa de morcilla de Guadalupe y un vinillo (extremeño, dado el día) para que reaccionara.

“Pero ni por esas, ya tenía inoculada la fantasía”. Puestos en contacto con la sala del 112, no la pudieron atender pues, aunque el servicio estaba perfectamente cubierto, no había nadie de guardia (por eso estaba tan bien) y la señora de limpieza –única de cuerpo presente en el lugar- se encontraba elaborando un informe interno acerca de la eficacia del 112 en situaciones climatológicas adversas (que tiende a la nulidad).

Así pues, demandaron la presencia de la Policía Municipal que no pudo asistir a la iluminada al encontrarse custodiando a las autoridades de la Medalla por lo que, viendo que el delirio iba a más pues la ciudadana profería consignas tipo: “De Mérida al cielo” o “Enredándose en el viento van las cintas de tu vara…” no tuvieron más remedio que parar un taxi (que no paró pues se encontraba vacío) y, ante la fatal tesitura, volvieron a entrar en el Teatro Romano pues “No hay peor cuña que la de la misma madera” (según Vélez) donde unos señores muy tristes cantaban flamenco en portugués (los mismos que el año pasado cantaban fados en lusitano).

La música, lejos de amansar a la señora la exasperó, por lo que, finalmente, se refugiaron en la caseta provisional (pero cuyos restos permanecen todo el año) que los señores del festival de teatro colocan en la puerta del conjunto de piedras romanas. De allí, al internamiento, donde aún permanece. “No le han encontrado antídoto, ni siquiera la realidad le hace reaccionar”, concluye su esposo.

Rafael Angulo: Una ciudadana en el acto de las Medallas

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