Lunes 21  de  Mayo   de  2012

Rafael Angulo: Estoy sintiendo tu perfume embriagador


 

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Rafael Angulo

Estoy sintiendo, muerte, tu perfume embriagador, porque este gobierno de mi patria ante la crisis que nos tambalea, el paro que no atisba futuro y los moros que nos dan por debajo (el sur, técnicamente) ha decidido ordenar sus prioridades nacionales y aprueba, en consejo de ministros, el asesinato de los ancianos que tiemblen, se desanimen o no encuentren fármacos (baratos) para su enfermedad.

A esta rentable estrategia para ahorrar un pastón en pensiones, la denominan “muerte digna”. Y digo yo que menos mal, porque si encima los matan indignamente igual va alguno de la tercera edad y se molesta por un quítame allá un exceso de sedantes.

Al final, nuestros venerables mayores en el otro mundo es seguro que, en vez de infierno encuentren gloria y tendrán la suerte de que una nube les borre de la memoria a todos estos censores de la respiración que, paradójicamente, no creen en la vida eterna ¡y mira que la fomentan! Por si acaso, creo que no les van a pedir opinión, antes de darles el pasaporte eterno, en la confianza de que sus yernos, nietos, herederos, o vaya usted a saber quien, firmen por ellos el finiquito. 

Esta medida vital se enmarca en la eliminación de trabas burocráticas y papeleo administrativo, total, si es para palmar, cuanto menos tiempo se pierda y más ligerito sea el pasaporte mejor que mejor, que no está la cosa como para interrupciones voluntarias, aunque de esto tienen millones de experiencias…muertas.

Como cantaba Aute “los hijos que no tuvimos/ se pierden en las cloacas”. Deduzco que estos gobernantes no han ido en su vida al Asilo de Mérida y, por supuesto que tampoco irán pues, qué menos, que aplicarse a sí mismos lo que quieren para otros, así que cuando les entre el tembleque ya habrá un organismo, público por supuesto, que les facilite el matarile, rile, ron.

Si se pasaran por la venerable institución del Asilo constatarían las pocas ganas que tienen de irse, de allí y de esta vida, muchos de nuestros mayores, y cómo afrontan con una dignidad inenarrable sus últimos días, como sus penas y privaciones les engrandecen, a  ellos y quienes les cuidan pero, para eso, hay que estar allí, compartiendo sus días, velando sus noches, con tanta abundancia de cariño que contrarresta la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia y que, cuando las fuerzas flaquean, el único horizonte vital es el entierro. Y éste, cuanto antes. Son tan progres y modernos, que ahora quieren reinventar la medicina de los espartanos para enfermos y tullidos.

Yo también me he preguntado dónde termina la sedación y empieza la eutanasia y de qué hablamos cuando hablamos de la indignidad de la “muerte digna”, aunque, para qué engañarnos, creo que estamos en puertas de unos cambios inimaginables, traspasada ya con el aborto la frontera del “No matarás”.

Dice Juanjo, mi médico de cabecera, que mientras en la sedación la intención, y el resultado, es aliviar el sufrimiento del enfermo, con la eutanasia se dejan de tapujos y van directamente a provocar la muerte. Verde y en camilla.

Morir sin dolor, a su tiempo natural, sin acortar ni prolongar la vida de forma artificial, rodeados de la familia y los amigos, sabiendo lo que nos espera e incluso eligiendo el lugar es mi aspiración natural, morir con las botas puestas, como mis padres, es un anhelo para el día de mañana. Pero esa forma que nos proponen, innecesaria y peligrosa, es un grave error, claro que más barato que proporcionar cuidados paliativos (y de calidad) a mucho pacientes

Me imagino a mis ancianos, cuando vean de lejos llegar la parca, como su estado de ánimo irá demudando, y sin dejarse influir por la publicidad gubernamental, musitaran cariacontecidos aquello de “Estoy sintiendo, muerte, tu perfume embriagador…”

Rafael Angulo: Estoy sintiendo tu perfume embriagador

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