Susana Pérez | Viernes, 15 de Octubre de 2010 11:14 | Susana Pérez

La aconfesionalidad y el laicismo, signos de la revolución francesa, había calado en 1810 en muchos de nuestros diputados. Decir que las ideas liberales francesas se quedaron con nosotros después de 1808, es una realidad. Ya la Iglesia por entonces, y en concreto la Santa Sede publicó unas notas sobre la participación del cristiano en la vida pública, fundamentalmente porque atañe al bien común de la Sociedad.
En el cuadro de la Junta Central que representa la jura de los diputados ante los evangelios, está presente el Cardenal de Toledo. El consenso moral es imprescindible en una democracia, respetando los derechos humanos, porque el hombre está llamado a una solidaridad con los demás, abierto a la trascendencia, con respecto a la libertad.
El papel decisivo de la Iglesia en la civilización occidental es fundamental para la convivencia, pues sin un espíritu cristiano, como dice el Papa Juan Pablo II, se cae en un totalitarismo. Un Estado que no asume los valores fundamentados en la trascendencia de Dios, va a caer pronto en un sistema totalitario, no siendo objetiva su visión del hombre.
La reunión en la isla del León, actual San Fernando de Cádiz, en 1810, de un grupo de hombres fue fundamentalmente para luchar por el bien común. Hoy los recordamos especialmente, pues nuestra Patria está encontrando muchas dificultades para nuestra convivencia viendo como muchos de los valores constitucionales que se establecieron en 1810 están hoy brillando por su ausencia en nuestro país.
La historia desde 1810 a 1812 es apasionante. Momento de desconcierto en nuestro país pues no se sabía quienes eran los hombres de la Patria.
La Junta de Sevilla presidida por Saavedra, firma la rendición francesa. La Junta Central que se creó, tiene una importancia vital para entender la revolución francesa y la apertura hacia una transición.
El tiempo en estos años de las Juntas que se crearon en toda España es clave, para entender en marco religioso, constitucional y militar de la época. Lo que sucedió en España no se entiende sin la guerra de la independencia. Allí surgió el Estado liberal. También surge la unidad de la nación, con vocablos como Constitución, Patria, Religión, Independencia etc.
En ésta época nace la nación española. Hasta entonces no había sintonía entre monarquía y nación. Existían muchas discrepancias entre las regiones de España. La mayor desagracia que tenía España era la división entre las provincias. Nuestra nación no se une nunca como en 1808 lo hizo ante los franceses. Nación y Patria pasan a formar parte de la lengua del pueblo llano, voces que sintió el pueblo mucho antes que los políticos.
Desde 1808 a 1810 hubo un periodo de vacío de poder, con diversas Juntas provinciales que se enfrentaban entre ellas. La Administración quedó desmantelada. La caída de la monarquía fue constitucional, cayó en medio del pueblo.
El 5 de Mayo cae la monarquía absoluta. Fue el principio del fin, significando en principio el colapso económico del país, la caída de los privilegios de la Iglesia, haciendo acto de presencia el fantasma de la República.
En Aragón y Castilla en el año 1809 no estaba ya la monarquía sino la república. La revolución que se produjo fue por el vacío de poder. Gran crisis política con un deplorable estado de la Educación.


































