Lunes 21  de  Mayo   de  2012

Tomás Acosta: Solo en casa


 

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Tomás Acosta

Productos típicos de la tierra de Extremadura. Llevaba cuarenta y cinco minutos delante del puñetero cartel y si le hubieran preguntado que ponía no habría sabido decirlo con certeza. Después del plato combinado: huevos fritos, chorizo y patatas fritas descongeladas en el acto, estaba apurando un café con hielo. Pidió otro portugués frío y un sol y sombra. Al segundo se arrepintió y recordando la escena de Retorno a Brideshead, pidió un Cointreau:

⁃    ¡ Chico! En vez del anís con la coñá ponme mejor un Cointreau- solicitó sonriendo levemente.

Sorbió un poco del negro líquido aún caliente en la taza, antes de verterlo en el vaso de tubo con hielo. Comenzó a beberlo a pequeños buches, despacio, era el segundo café que, dada su condición de hipotenso le sabía a medicina, a cura para su benigno padecimiento. Miró la calle a través del espejo del establecimiento. La zona estaba plagada de visitantes de diversos lugares de España y del Mundo. Gentes de todas las Comunidades Autónomas de nuestra nación haciendo por conocer mejor su patria. Otros personajes, de rasgos de los más diversos, venidos de oriente y occidente, con  la casa a quince horas de avión, transcurriendo lánguidamente a 39º por la ciudad. Al fondo la fachada del MNAR.

Hoy pasaría sin siesta. Tenía que aprovechar la tarde en preparar el viaje de mañana, viernes, para regresar a una ciudad con playa, la más próxima a Mérida, para reencontrarse con su mujer y sus hijos. En agosto sólo abría la tienda por las mañanas. Había comprobado que, con la crisis, por la tarde lo único que sacaba era mayor gasto en electricidad. Por lo del aire acondicionado.

Meticuloso en todo, necesitada dos horas largas en preparar el equipaje, dejar la casa convenientemente cerrada para asegurar los dos días de ausencia, entregar las llaves a los vecinos. Un matrimonio jubilado y sin hijos, que nada más llegar a la ciudad, hace ya más de quince años, los acogió como a familiares, naciendo entonces una excelente relación que traspasaba la buena vecindad y la amistad.

Pronto pasaría este trago. La familia tan lejos. Los viajes semanales para verlos. Las aburridas noches viendo DVD alquilados o algún partido de fútbol, deporte al que no era aficionado en invierno pero que  en estas noches rodriguescas se le hacía grato e imprescindible para soportar la provisional soledad .

Apuró el alcohol, urgido por los cálculos mentales, y se encaminó a casa. Por el camino una pareja de rasgos orientales le preguntó en un rudimentario castellano:

⁃    Teatro Romano, por favor?
⁃    Es aquella puerta- contesto lacónicamente.


Miró la punta de sus zapatos y comenzó a caminar en dirección a su domicilio. El aroma cítrico del Cointreau convivía en su gusto con el fuerte aliento a café. Quizá cambiara de opinión. Trataría de echarse un rato. Seguramente dormiría un poco para tomar fuerzas para prepararlo todo. Mañana  a  mediodía estaría dándose un remojón en el atlántico acompañado de los juegos y las bromas de sus hijos.

Tomás Acosta: Solo en casa

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